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jueves, 7 de diciembre de 2017

Conversaciones de la maestra con la joven Mara III


- Maestra, ¿es cierto que Mara anduvo perdida por el desierto de las ciudades oscuras del Norte durante más de diez años antes de reencontrarse con su camino?

- Querida niña, hay muchas cosas que se desconocen de la biografía de Mara y entorno a este desconocimiento corren rumores, cuentos, historias y leyendas. Pero yo que la conocí cuando su memoria se parecía todavía al sol reluciente, te diré que para ella todo tuvo un sentido, formaba parte del camino.

- ¿Con qué intención me formas maestra?

- Con la misma que me formó Mara: para que encuentres la llama de tu camino y seas red con el resto de los seres humanos con los que te ha tocado convivir.

- Pero estamos aquí, al lado del lago, mientras tanta gente lucha, muere, agoniza, asesina, ama, desea, no sé, todo tan apartado.

- ¿Qué sueñas últimamente, joven Mara?

- La veo a ella. Me habla. Me dice que no me preocupe. Está ciega pero no lleva bastón y tras ella aparece un ejército de querubines que tocan el arpa hasta que al fondo, en los infiernos del desespero, las viejas almas penitentes se purifican y caminan en paz.

- ¿Te dice algo?

- Sí, siempre se acerca a mí y me susurra: confía y sigue.

- Confía y sigue. Es lo mismo que me decía a mí al enfadarme porque los ejercicios no me salían. Confía y sigue.

La Maestra echa una carcajada y un pájaro inicia el vuelo hacia el horizonte.

- El ejercicio de hoy es muy sencillo. Quiero que cierres los ojos, reproduzcas en tu interior la música de los querubines y la escuches.

- ¿Ahora?

- Ahora, sí.

El rumor del agua en el lago es leve, apenas perceptible. La Maestra se desnuda y nada unos largos. La joven Mara permanece sentada en una roca. La tarde cae. La Maestra se recoge en la cabaña. La noche se alza al pie de la luna creciente. La Maestra sale al encuentro de la joven Mara que sigue meditando.

- Abre los ojos, joven Mara. Por hoy es suficiente. Y ahora, escribe en este papel cuál ha sido el mensaje que has recibido a través de la música.

La joven Mara escribe unas frases en el papel que le ofrece a la Maestra y luego sopla la punta de los dedos para darse calor. La Maestra recoge el papel y lo guarda en el bolsillo.

- Entremos dentro, joven Mara.

- No va a decirme si he superado la prueba.

- Hasta que nos despertemos no hablaremos sobre ello. Ahora toca cenar, entrar en calor y dormir para recuperarse.

Tras la cena, la joven Mara y la Maestra cantan algunas viejas canciones frente a la hoguera. A la mañana siguiente, Mara se despierta temprano y con enorme apetito. Tal y como acostumbra, se sienta en la banqueta de madera de la cocina a esperar a que la Maestra aparezca para empezar a preparar el desayuno, pero el tiempo pasa y la Maestra no aparece. Pasa la mañana, transcurre el mediodía, cae la tarde, el crepúsculo se alza a través de la ventana y la noche oscurece la estancia. Y la joven Mara permanece allí, sin moverse, tal y como la Maestra le ha dicho siempre que debe hacer pase lo que pase. Traspasada la medianoche, la joven Mara cae en un sueño profundo. Es entonces cuando la Maestra se le aparece para entregarle el papel que el día anterior le ha dado la joven Mara, tras su meditación en la roca al lado del lago.

- Ahora estás preparada para que la Fuente entre y salga de ti, ahora que ya no me necesitas parto hacia el lugar del que vine. Confía y sigue, joven Mara – lee despertándose de golpe y encontrándose con las mismas palabras en la realidad del papel.

La joven Mara entra en la habitación de la Maestra y zarandea su cuerpo con cierta angustia.

- Maestra, Maestra, no te mueras, no te mueras, todavía no.

- No, todavía no es mi hora, joven Mara. ¿Qué haces aquí abandonando el fuego?

- Lo siento, otra vez te he fallado.

La Maestra observando la preocupación de la joven Mara, le pone la mano en el hombro en señal de calma.

- ¿Te das cuenta de que ahora ya estamos conectadas en todas las dimensiones?

- ¿Eras tú maestra?

- Era Mara, pero detrás de Mara estamos todas, ¿no nos has visto?

- Oh, Maestra, gracias.

- Ahora ya estás preparada.

Al día siguiente la joven Mara abandona la cabaña sin estar muy segura de qué es para lo que la Maestra le ha dicho que está preparada. No duda de su palabra pero duda de ella misma. Durante los siguientes años se cuenta que la joven Mara da tumbos por el mundo leyendo el destino a quien se lo pide, fregando platos en restaurantes, cuidando de enfermos moribundos o limpiando casas de personas ricas. Cuentan que por más que camina, confía y sigue no logra dar con el sentido a su vida, de tal manera que a edad madura se encuentra perdida en el desierto de las ciudades oscuras del Norte hasta que una noche de invierno, durmiendo en una esquina nevada, a la intemperie, se le aparece la Maestra.

- Despierta, joven Mara, despierta, hay que desayunar, pronto amanecerá.

La joven Mara la mira y le hace la pregunta que lleva tantos años queriéndole hacer.

- Dime, maestra, para qué estoy aquí.

- Mira en tu corazón y dime qué ves.

- Amor incondicional.

La joven Mara despierta sobresaltada.

- Maestra, Maestra, he estado en el desierto de las ciudades oscuras del Norte y era Mara y estaba perdida y aparecías tú y yo hacía el ejercicio y llegaba hasta el final y todo tenía sentido.

- Está bien, está bien, pero por orden. Ahora es importante desayunar. ¿O es que esperas dar lo que has recibido sin fortalecer tu cuerpo? Recuerda que de allí de donde vienes la mariposa vuela libre, pero aquí debemos respetar nuestro ovillo de seda.

Cuentan algunos de los primeros supervivientes a la catástrofe que Mara no necesitaba alimentarse como la mayoría de la gente pero que solía decir que por respeto a las enseñanzas de su Maestra era necesario hacerlo. Aunque más de una vez se la vio renunciando a su ración para dársela a los niños.


Santa Coloma de Gramenet, 1-7 de diciembre de 2017


domingo, 23 de julio de 2017

Los mensajeros están trabajando





Parten los mensajeros
a bordo de la Nave.

Cruzan mares, océanos y desiertos.
Sortean remolinos en los ríos,
tempestades de viento
en las autopistas del infierno,
huracanes de tristeza
en las miradas
de las gentes desangeladas;
superan incluso
los enigmas de las montañas sagradas.

Con ellos, con ellas,
anidan los canales
de los centros dispersos
del universo.

Les va la vida en la entrega.
Les va la muerte en la rueda.

Son los mensajeros
seres invencibles
pues han delegado
la importancia
y la trascendencia 
en el camino
del mensaje.

Saben que su hilo 
es imprescindible
en la maraña del misterio.

Y siempre siempre
a su paso 
dejan semillas de fe,
estelas de amor
que incendian las hogueras
de la esperanza.

Atent@s,
ahora mismo, 
algun@
pasa a vuestro lado.

Escuchadlo,
hay algo que debéis
saber.


Jueves, 20 de abril de 2017.

lunes, 13 de febrero de 2017

Hacerlo bien






El camino es angosto
y dará todavía muchas penas,
algunas espinas
y heridas como huellas
de lo vivido.

El camino es amplio
y dará todavía muchas alegrías,
algunas glorias
y premios como huellas
de lo experimentado.

Sin embargo, no te escribo
para advertirte de lo que un día
sabrás, ni siquiera para el coraje
y la determinación
que debes imprimir siempre
a tus pasos.

Escribo estas líneas
en el campo de maíz
de tu voz interior
para constatar nuestro
compromiso
con el alba que nace
cada mañana.

Sé ligera cuando corras.
No corras si puedes andar.
Camina si puedes respirar.
Respira cuando sueñes.
Sueña cuando estés despierta.
Despierta siempre que bebas
agua.
Bebe agua cuando tengas sed.
No permitas que la sed gobierne
tus actos.
Actúa solo cuando sea imprescindible.
Prescinde de los ideales huecos.
Hazte hueco y vacíate cada día.
Cada día es un nuevo comienzo.
Comienza siempre libre de cargas.
Carga hasta que sueltes
y suelta tu carga donde no moleste.
Ama siempre.
Todos los sentimientos te pertenecen.

Tu misión es caminar.
Hacerlo bien
siendo ser.




martes, 27 de diciembre de 2016

La gran Ola



La joven Mara y la Maestra habían salido, como cada amanecer, a meditar en la orilla del mar.

Maestra, a veces pienso en la soledad de Dios y me entristezco.

- Mara querida, ¿cómo es eso?

- ¿Me prometes que me tomarás en serio si te cuento la verdad?

- Querida niña, siempre te escucho en serio. Sé quien eres.

- Perdona por dudar, maestra.

La joven Mara empezó a hacer dibujos con sus dedos sobre la arena mojada. Tras unir en una circunferencia todos los signos, observó lo que había escrito y con determinación lo borró con el pie derecho.

- Verás, me llegó un mensaje suyo.

Mara fijó su mirada en el horizonte.

- Dios pertenece a una especie muy lejana en un mundo muy lejano que se destruyó en otro tiempo y en otra dimensión hace miles de años. Él es el único de su especie. Durante cientos de siglos vagó solo por los universos paralelos y sintió la verdadera soledad del alma en su interior.

De pronto una ola gigante se alzó allá donde Mara tenía puesta su atención. Maestra y alumna se dedicaron una mirada de reconocimiento, pero no se movieron.

- En uno de los tiempos más complicados de sus mundos, Dios tomó una importante decisión que retaba al destino y a las leyes de su especie: crearía vida a su imagen y semejanza. A cambio del libre albedrío, exigiría el cumplimiento de unas leyes básicas de amor y respeto a la vida.

La gran ola avanzaba hacia la orilla donde maestra y alumna seguían mirando el horizonte.

- La primera vez que escuchó el llanto de un ser humano supo que amaría a aquellas hermosas e imperfectas criaturas hasta el final de sus días. Puso su fe y amor en la configuración de todas las almas que conformamos el mundo, al cual periódicamente regresamos.

- Es una historia muy hermosa, joven Mara.

- Maestra, creo que es cierta. Pero ahora Dios está muy triste. De un tiempo a esta parte cada vez le duele más cómo nos hacemos daño los unos a los otros sin permitir que el amor y la alegría invada nuestros corazones. Por eso hace años que apenas aparece el sol. Lo que más le entristece es pensar que puede volver a quedarse solo. Hace siglos que dejó de crear almas nuevas y muchas de las que se van han empezado a desaparecer sin trascender.

La gran ola estaba a punto de impactar contra los cuerpos de la Maestra y la joven Mara. Maestra y alumna se pusieron en pie, dispuestas a aceptarla. En ese instante, la ola quedó detenida en el espacio y en el tiempo.

- Maestra, ¿vamos a morir ahora?

Durante unos segundos, la Maestra permaneció en silencio. Luego se adelantó hasta alcanzar a tocar el agua de la gran ola con los dedos.

Joven Mara, está claro que Dios nos ama -dijo mostrando su mano húmeda mientras sonreía.

En el horizonte el sol se desperezaba y una hermosa tonalidad anaranjada invadía la nueva mañana en la bahía.

- Quizás hoy Dios amaneció esperanzado – dijo la joven Mara.

Al día siguiente, Mara y su Maestra, se despertaron empapadas, con las ropas mojadas. Todo estaba lleno de agua. El suelo, los muebles de la cabaña, las alfombras, las sábanas... Mara se asomó desnuda a la ventana y una ráfaga de aire fresco le secó la cara.

- Mira Maestra, hoy de nuevo ha salido el sol – celebró con risas la joven Mara.



Santa Coloma de Gramenet, 5 de agosto – 27 de diciembre de 2016

martes, 1 de noviembre de 2016

Labrando esperanza, sembrando fe




Bajaron los ángeles
cayeron demonios
por las grietas de los cielos
los niños ciegos
de los inframundos
hicieron holocaustos
en los túneles de los subterráneos
los asesinos y los proxenetas
ofrecieron el perdón
a sus víctimas.
Algunos de los guardianes
de los umbrales
dejaron abiertas
las cancelas de los sueños.
El mundo se abocó
a uno de sus finales
y ni las mujeres ni las putas
podían hacer nada
por convocar
el regreso de la vida.
La sombra del horror
llovió sobre Dios.
Solo Mara caminaba.
Mara la no mujer.
Mara el no hombre.
Mara el Ser.
Mara el NoSer.
Cada paso que daba
se hendía en la esperanza.
Sabía que moría a cada lágrima.
Sabía que en el silencio
de las calles todo, todos
se despedían y la mayoría
sufría.
El ser humano decía adiós.
Convocó en los cuatro puntos
a las puertas de Hyperion
rogó con las uñas a Dios
y le llamó Padre, Madre, Origen.
En la noche 
los truenos
y la luz que asombra el mundo
con la profecía del dolor
parió el día artificial
y la noche murió
en el deseo de azul.
Los universos se debatían
contra sus propias persianas
de fe.
Mara caminó y caminó.
Sobre el asfalto, sobre la arena,
sobre el agua, sobre el alquitrán,
sobre el fuego, sobre las brasas,
sobre las cenizas que firmaban
un testamento finito.
Al llegar al lago de la Esfinge
su rostro no se reflejaba
en el agua.
A sabiendas de la ilusión
las ondas del Espíritu
la mecieron durante un tiempo
eterno.
El tiempo que tardó Dios
en llorarnos y llamarnos
con profundo amor.
Al despertar, Mara sintió
hambre y sal y gusto amargo.
Un niño sentado frente a ella
le entregó unas semillas.
Se cuenta que las semillas
eran de Loto y mientras
olvidaba dio en parto libre
el mundo que conocemos hoy.
Cada vez que cada uno 
cada una de nosotras
sueña el final
un ángel se levanta en algún lugar
del mundo
y de la mano de un demonio
recorre el mismo camino
que hizo Mara
hasta bañarse en el lago
de la Esfinge.
Así es como el mundo sigue
y volvemos a nacer
con un destino renovado.
Se dice que la nueva Mara
ya ha nacido y camina.
El día que la veas
sonríe pues siempre hay alguien
una Mara
que está dispuesta
a caminar para nada
a caminar para todo
a caminar a caminar
a caminar a caminar
labrando esperanza
sembrando fe.


(*) Foto de Gertrudis Losada.



lunes, 10 de octubre de 2016

Querida Mara II



Querida Mara,

Tu espíritu me acompaña dondequiera que vaya. Eres luz, eres sombra y eres camino. Eres presente. Siempre. Aquí y ahora. Aquí y ahora. Eres también respiración: inspiración y exhalación.
Viniste a mí porque ya vivías en mí. Tienes todos los nombres aunque te llame Mara.
Eres unidad y diversidad.
Tu mensaje es un mensaje de paz. Pues conoces la guerra y la has atravesado. Tu mensaje es amor pues conoces la ausencia del ser. Tu mensaje es palabra pura inscrita en las entrañas del silencio.
Lo aceptas todo y todo te es dado.
Regresas al sitio donde viviste y nos contemplas con compasión.
Vives en el dentro.
Habitas el corazón.
Quietud. Paz. Camino. Equilibrio.
En el silencio del ser no hay preguntas, ni respuestas, ni dudas, ni certidumbres. Hay el no ser. El todo.
La gracia te acompaña y cuida de ti. Nada es finito. Nada es para siempre. Por eso todo es paz, luz, sombra, descanso eterno. Iluminación sin brillo. Sencillez máxima.
Los ríos, las montañas, los mares, todos los animales, los seres vivos más insignificantes son amor. Son totalidad efímera que es siempre eterna. Pues nada se olvida en el cosmos y las estelas divinas son guardianas del ser y el no ser. 
En el estado del ser nada es importante y ninguna pasión quema. El ser es no ser es ser en estado de gracia con el todo.
Al mirarnos a los ojos podemos vernos y aceptarnos en el otro, el otro siempre es nosotros. Si nosotros accedemos al ser, el ser accede al otro.
Siéntate a contemplar el fluir del agua, escucha su mensaje, permite la humedad del alma.
Escucha tu divinidad. Sé. No hay ayer. Ni mañana. Solo aquí y ahora.



Santa Coloma de Gramenet, 6-9 de agosto de 2016

sábado, 6 de agosto de 2016

Conversaciones de la maestra con la joven Mara II




  • Maestra, tú que conociste a Mara, ¿por qué crees que siempre eligió los caminos más difíciles?

  • Una vez también se lo pregunté. Estábamos sentadas al borde del Gran Lago, en las montañas sagradas del País del Noroeste. Amanecía. Habíamos pasado toda la noche practicando la vigilia consciente. Su rostro estaba iluminado y en paz.

La Maestra respiró profundo, como si pudiera ver en ese mismo instante a Mara. El fuego crepitó con más fuerza y saltó un trozo de madera entre las cenizas.

  • Te miraba y sabías que todo tenía una nueva oportunidad. En sus ojos no había fin. Ni principio. Solo el infinito.

La alumna sonrió y miró fijamente a la maestra.

  • Eso me pasa a mí contigo, maestra -dijo la alumna y bajó tímida la mirada.

  • ¿Sabes? No era muy diferente de ti o de mí. Nació con el don de dar paz.

Un jarrón cayó de la repisa de la chimenea rompiéndose en pedazos. La alumna se sobresaltó. La maestra cogió un trozo de la loza rota y lo guardó en su mano derecha.

  • Como tú – dijo la maestra tendiéndole el trozo de loza a la alumna.

  • Como tú – dijo la alumna aceptando el trozo de loza de la maestra.

La alumna miró el trozo de loza y le pareció que tenía forma de medio corazón. Miró el resto de pedazos esparcidos por el suelo en busca de la otra mitad. De pronto, lo encontró. Juntó ambas partes y se las entregó a su maestra que sonriente volvió a aceptar los trozos de loza.

  • Pero, maestra, no has respondido a mi pregunta.

  • Ah, sí, ¿por qué Mara siempre elegía los caminos más difíciles? Es muy sencillo, querida niña, no sabía caminar de otro modo. Para ella lo difícil siempre fue fácil.


    Playa de la Mar Bella. 2 de agosto de 2016
    Mara Laura